jueves, 25 de junio de 2015

apocaLipsis

Gracias... Sólamente puedo comenzar con gracias. Por todo, hasta por el final. Gracias porque hasta ahí te has mantenido única y eso es otro motivo para no poder más que agradecerte. Agradecerte que no me hayas dejado ningún reproche al aire y mucho menos alguna ventana sin cerrar. Y las sonrisas, gracias también por tus sonrisas... No sé qué habría pasado sin ellas. Si no hubieses aparecido yo habría acabado mal... Por eso, de verdad que gracias. Porque me salvaste y me has salvado todos los días de nuestra vida. La misma a la que hoy le tengo que decir adiós aquí. La misma a la que me altera el corazón el despedir.

Lástima que cuando cerraras la puerta se derrumbara todo detrás tuya. Por suerte la fachada aguantará lo suficiente para que hagas el camino de vuelta a casa. Así de paso podré volver a ver esa cintura que todavía me vuelve loco. Yo esperaba que estas cicatrices aguantarían más cualquier herida nueva. Habían pasado tanto que me sentía preparado ¿Sabes? Para todo. Pero las muy cabronas se habían borrado. Tenían razón los que decían de tu saliva. ¿Lo peor? Que esto lo veía y fuí incapaz de reaccionar a tiempo, ni siquiera para salvarme a mí o mi ego. De cualquier manera, alguna vez tendrá que servirme de escarmiento.

Respecto a ti, así todo será más fácil y parecerá que queda en su mismo sitio. Eres tan buena que mi dolor te puede influenciar y esta vez no puedo volver a fallarle a mi instinto. Sinceramente, tampoco creo que logremos nada. Por eso vive, sé feliz, recuerda, y no te olvides de olvidarme después. A ninguno nos va a gustar seguir por aquí pronto. No hace falta que te cuente nada, nos conocemos tanto que es fácil predecir cuáles serán nuestros siguientes pasos. Aunque sí, al final creo que he cambiado y soy un poco menos malo.

Lo peor es que todo para que ya no seas lo mejor de mi vida, ni tampoco la mejor étapa. Para que ya no sea el perro fiel más feliz del mundo ni tampoco tenga quien me haga mover la cola. Para que respirarte no sea una monotonía placentera, ni las ganas de abrazarme a ti lo más importante en esta vida. Ya no serás eso, vida, ni siquiera a medias, hablando de la mía al menos. Y ahora me queda demasiado espacio libre para tanto terremoto. Y me gustaría no perder las costillas en este apocaLipsis.

Todavía no sé cómo mataré estas ganas, y sé que ya no deben vivir, pero lo único que siempre funciona es metiendo otras y yo no quiero volver a vivir eso. A ti sí. Y también te quiero. Por mucho que me cueste demostrarlo. Aunque sea tan cobarde de escribirte cuando no vas a leerlo.

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