martes, 21 de junio de 2016

De mentirosos y juegos

- Pues claro que no lo esperaba, por supuesto. Esto era un juego. Un puto juego. Como cuando juegas con tus amigos a los dardos, y pones todas tus ganas en dar al centro. Ha ocurrido lo mismo, que cuando le das, te sorprendes y te quedas estupefacto intentando volver a hacerlo. Sólo que yo lo he intentado porque ni siquiera pensaba que hubiera diana.

Dijo mientras sonreía mirando nervioso a los lados, como esperando que nadie le oyera mientras anudaba sus dedos.

- ¿Y qué vamos a hacer ahora? Porque para mí ya no es un juego y eres tú quien lo ha buscado.

Ella estaba seria, con cierto aire a enfado, como quien te espera cuando llegas tarde a tu cita.

- Yo pienso seguir follándote como si no hubiera un mañana. Y susurrando que me encanta en tus oídos. Tú puedes quedarte a disfrutarlo o pararte a pensar en qué pasará mañana. Yo desde luego no. Sólo tengo planes de futuro conmigo y no tengo pensado que eso cambie. Pero ahora mismo me gustaría seguir aquí contigo. Y eso es más de lo que puedo decir de nadie.

Acto seguido le mordió el cuello. Él jamás abandonaba su tono burlón, y ella no podía esconder los dientes ante tanta bordería.

- Eres un mentiroso. Sigues bromeando con ello. Y a mí no me hace gracia.

Pero él sabía que le mentía. Detrás de esa seriedad fingida se atisbaba la seguridad de saberse adorada.

- El primer día ya te dije que no miento. Y que todas las bromas tienen su parte de verdad. ¿Quieres que te lo diga serio? Pues lo siento, pero no pienso reconocerlo.

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