miércoles, 29 de junio de 2016

Once ago

Yo una vez me regalé entero. Completo. Regalé mis ojos y sólo los dejé mirar allí donde iba ese culo disimulado en ropa ancha. Le di mis manos y me prometí que solo la acariciarían a ella. Incluso había imaginado a mi hija. ¿Las palabras? Oh dios, sólo eran para ese pelo rubio y esos ojos encerrando mares. Hasta mi picaresca fue detrás suya. Y me dejé la misma piel en ser feliz a su vera. Solo suya. Durante los que fueron los mejores años de mi vida aún con la peor presencia perdida. Y eché a tanta gente de mi vida que sólo quedaban los que nunca me dejaron. Y yo era feliz en sus olores y esas exactas medidas a mi pecho.

Pero no conté con ella o yo que sé, y acabó dándose a otro aún con retazos de mi color. Se me fue el tiempo en construir algo que perdió el sentido conforme yo me alejé de ella y él apareció. Bebí, lloré y me drogué al mismo tiempo. Y pude mirarla con la pena de saber que se había ido. Y que yo también me fui sin ella. Que lo que me había dado ya no era lo que me daría. Y lo que yo buscaba ya ella ni lo imaginaba. Y al final más solo que como llegué y todavía más roto. Mintiendo, robando y aprovechando cada oportunidad de redimir el peso cargando a otros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario