lunes, 15 de mayo de 2017

Aquí

Sólo quiero que sepas que seguiré aquí, como cualquier otro superhéroe anónimo. Y si puedo salvarte un día del mundo sólo tienes que buscarme. Prometo desaparecer tan pronto como pase el terremoto y podamos volver a nuestras vidas. Con ese obvio e incómodo plural que las separe.

lunes, 24 de octubre de 2016

Mes once después de ti - Ernesto Pérez Vallejo

No es que yo necesite estar a toda costa con cierta persona. He aprendido en este tiempo que el amor está hecho de estados, de lo que otra persona consigue activar en ti. No te enamoras de una mujer, lo haces de ti mismo pero ese amor propio solo lo consigues con ella. Cierta persona me hacía feliz y yo amaba a cierta persona por la felicidad en la que me hallaba. Pero si ella viniera ahora ya jamás llegaríamos de nuevo a ese estado. Habría un muro de reproches demasiado grande como para poder saltarlo a base de sonrisas y cosquillas por dentro de la piel.

Me ha costado once meses averiguar que cierta persona no se fue por falta de amor hacía mí, lo hizo porque tal y como debe ser, sé amaba a ella por encima de lo nuestro y seguramente, en alguna casilla bastante más avanzada de donde me encontraba yo, ella también se sentía sola. Cierto que tras su marcha, hubiera corrido por el tablero hasta dar con ella y de un abrazo interminable conseguir avanzar hasta ponerle fecha a una boda. Cierto es, que cuando te das cuenta de que tu felicidad se ha ido a la mierda echas de menos los dados y pides un nuevo lanzamiento como quien pide disculpas con lluvia en el pecho. Cierto es, que en el momento del abandono, la meta te parece el mejor lugar del mundo, porque el mundo, el de verdad, era el que a cierta persona le bailaba en la mano y en la risa.

Con ella yo nunca me sentí solo y era bastante feliz y eso es lo que echo de menos, ese estado. Esa sensación de tener relámpagos en los bolsillos, música en las vértebras, posdatas de amor entre los labios. Esa bendita magia de sonreír sin motivo y de motivar sus sonrisas. Esa impresión de vivir en un continuo orgasmo. Aunque suene egoísta, sigo completamente enamorado del hombre que conseguí ser con cierta persona. A ella, como ya he dicho, ya ni siquiera la espero, ya ni siquiera la odio.

Fuente: De Laura y otras muertes

martes, 30 de agosto de 2016

No me voy a olvidar de ti

No me voy a olvidar de ti porque pasé toda la vida esperando a vivir algo como lo que he vivido. No, no voy a olvidarme de ti porque contigo he tenido lo que siempre quise tener con alguien, y fue lo más bonito de mi vida. No voy a olvidarte porque durante años has sido la motivación a despertarme y luchar cada minuto. El baúl de mis sueños donde, cuando lo abrías, una payasa saltaba y con sus dientes me volvía loco hasta pensar que podía atrapar la Luna si me empujaba. No me voy a olvidar de ti; porque en los escaparates, nosotros estábamos dentro y ellos fuera. Y desde ahí les haríamos la guerra a todos. No me voy a olvidar de ti no porque dejaste el camino vacío, sino porque aún más mi pecho, y me acostumbré muy rápido a poner en tu boca la palabra "mío".

No, no me quiero olvidar de esa niña a la que emocionaba con cualquier regalo. La que se ponía celosa con solo saludar a otra y me bailaba como si todavía estuviéramos en mi cuarto solos. No me voy a poder olvidar de ti porque cada pliego de mi cama guardará siempre un gemido tuyo. Porque mi almohada ha rozado cada parte de tu cuerpo y las paredes de este cuarto guardan más humo contigo del que mis pulmones pueden soportar. No me olvidaré de ti porque nadie encaja como tú conmigo. En el sentido literal del verbo. Y no me voy a olvidar de ti porque cada hueso se me está deformando sin eso.

No me voy a olvidar de ti; porque por ti salí corriendo mientras nos corríamos con otras caras. No me voy a olvidar de ti porque este nuevo yo es un producto tuyo. Y no, no voy a olvidarme de ti porque contigo cometí el mayor error de mi vida; y fue perderte demasiadas veces.

jueves, 14 de julio de 2016

Mensaje en una botella (2)

Querida Nadie,

Esta vez te escribo para decirte que pensaba que ya habías venido. Que tú eras ella y yo él, o yo qué sé, que éramos y punto. Y que la gente nos envidiaría toda la vida. Que tendríamos ese brillo especial que te hace distinguir entre toda la gente en cualquier sitio. Aunque ese sitio sea la discoteca de moda y esté a oscuras. Ese "Esos dos están enamorados" que todo el mundo pensamos alguna vez sobre alguien cuando los vemos pasar o compartimos el aire que ellos arañan a besos. Y no sé porqué pensé que tendríamos toda la vida para seguir con ello.

Te juro que era puro éxtasis reír a la vez contigo. Más que cualquier droga que haya tomado desde que te fueras. Más que cualquier droga que vaya a tomar antes de que vuelvas. Ni siquiera el polvo más salvaje puede traerme eso. Ni siquiera la cara más morbosa puede quitarme tu nombre de la boca cuando está pegada a otros oídos.

Yo qué sé tía, pienso que me la has jugado. Así que no me tomes muy en serio cuando reaparezcas. Ahora mismo y hasta que me decida a confiar en ti no soy un buen ejemplo de príncipe azul. Sobre todo por el color. Pero te prometo que quiero serlo. Que esta vez serás ella a la fuerza. Aunque ahora me sienta como un perro apaleado y abandonado. Aunque ahora huya de cualquier mano que no sea para agarrar mi polla y follar en cualquier esquina como si nunca pensara en mi pasado.

miércoles, 29 de junio de 2016

Once ago

Yo una vez me regalé entero. Completo. Regalé mis ojos y sólo los dejé mirar allí donde iba ese culo disimulado en ropa ancha. Le di mis manos y me prometí que solo la acariciarían a ella. Incluso había imaginado a mi hija. ¿Las palabras? Oh dios, sólo eran para ese pelo rubio y esos ojos encerrando mares. Hasta mi picaresca fue detrás suya. Y me dejé la misma piel en ser feliz a su vera. Solo suya. Durante los que fueron los mejores años de mi vida aún con la peor presencia perdida. Y eché a tanta gente de mi vida que sólo quedaban los que nunca me dejaron. Y yo era feliz en sus olores y esas exactas medidas a mi pecho.

Pero no conté con ella o yo que sé, y acabó dándose a otro aún con retazos de mi color. Se me fue el tiempo en construir algo que perdió el sentido conforme yo me alejé de ella y él apareció. Bebí, lloré y me drogué al mismo tiempo. Y pude mirarla con la pena de saber que se había ido. Y que yo también me fui sin ella. Que lo que me había dado ya no era lo que me daría. Y lo que yo buscaba ya ella ni lo imaginaba. Y al final más solo que como llegué y todavía más roto. Mintiendo, robando y aprovechando cada oportunidad de redimir el peso cargando a otros.