lunes, 26 de julio de 2010

Quietos

Nos estancamos. Así es. Nos estancamos. Como el agua. Y nosotros también nos pudrimos. Llega un momento de la vida en el que estamos tan cómodos que es el miedo quién nos dice que cualquier cambio puede ser a peor. Y aunque aparentemente sea una mejoría nos quedamos quietos. El problema es que no sabemos cuando volver a movernos. Por eso nos pudrimos. Estamos cómodos incluso en el caos y hasta pensamos que ese es el mejor sitio para disfrutar. No hay reglas, ética o moral. Se piensa en sobrevivir y eres tú quien crea tus propias normas de supervivencia. No fluyes pero vives. Estás ahí y con eso te conformas. Pero eso no es así. No puedes quedarte quieto viendo cómo te pudres esperando a que alguien abra el grifo y vuelvas a correr en tu armonía. No puedes ni debes hacerlo.

lunes, 12 de julio de 2010

Desaparece

Entonces, de un día para otro, se acaba. Desaparece. Miras en un sitio, otro, detrás. Pero no queda nada. Sólo huellas. Y pisoteadas. Avanzas hacia atrás y ni siquiera te fijas en las preguntas que aún no tienen respuesta. Están ahí. Claro que están, pero tienes que pararte para verlas. Y esta vez parece que son ellas las que huyen. Se esconden ante una verdad que has hecho tuya. Y vuelves otra vez al ahora. Y no te duele aunque no hay nada. ¿Porque dónde está todo? Las promesas se han esfumado de la misma forma que nacieron. Joder, pero si el nudo era realmente bueno. ¿Quién habrá soltado la cuerda? ¿Eres libre de verdad? No. Esto no puede ser. Arrastraba demasiadas cosas para partirse y tú sólo sabías desnudarla a ella. ¿Quién te ha liberado así? Además, tú decías siempre. Aunque claro, siempre es demasiado tiempo y nunca te equivocas con los suficientes. Hoy hasta la palabra ha perdido su credibilidad. ¡Ay! Corazón... Si yo te contara. Y tú te tocas para ver si él se ha parado pero sólo está tranquilo. De vacaciones. Eso es, de vacaciones. Y ya no duele a ratos.