lunes, 29 de noviembre de 2010

De gustar

Me gusta que me sorprendan. En todos los sentidos. También que sepan vivir y ser independientes. Las locuras. Los detalles insignificantes que te roban una sonrisa. Las sonrisas que me roban detalles insignificantes. Los misterios. La timidez fingida. Los besos apasionados, las manos inquietas. Los orgullos impenetrables. Las tripas bonitas. Me gusta que me reten. Me contradigan y no me dejen salirme con la mía. Que me enseñen a apreciar cosas que yo no habría visto solo. Ni tampoco sentido. La sinceridad y lealtad a los seres queridos. El respeto. La osadía. El descaro, la picardía. Las mañanas de sol en invierno que te tiran de la cama para disfrutarlas junto a alguien. Me gustan las miradas atrevidas y los ojos con color. Las tardes de paseo y las cenas en cualquier sitio. Por gustar, me gusta que una persona sea ella misma. Y me guste como es.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Somos

Alcohólicos, ludópatas, mujeriegos y vividores. Tentadores de la suerte que sólo necesitan techo cuando llueve. Fumadores de problemas que se creen oportunistas. Fracasados a los ojos de infelices que envidian el carisma. Altruistas, mentirosos, drogadictos y tunantes. Actores principales de sueños improvisados. Vendedores de humo real con dialecto inventado. Poetas de lo insano. Pesados, tozudos, vagos y maleantes. Amigos ilegales pero hermanos de corazón. Magos del dinero y prestamistas de pasión. Perdedores de recuerdos de antes de que salga el sol. Personajes de utopía. Siempre seremos únicos, y vivir es nuestra misión.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

De trovadores de contenedor

Es como si le hubiesen hecho el timo del concurso. Llegaron aquí, le explicaron todos los premios entre los que no tendría ni que elegir y le hicieron pagar una pequeña suma haciéndole creer que serían siempre reales. Ningún inconveniente. Ningún cabo sin atar. Incluso pensó que serían el regalo de su vida.

Nunca le explicaron que esa insignificante parte de él quedaría ahí. Que estaba regalando recuerdos, momentos y trozos de su tiempo. Épocas que no volverían y silencios que le acabarían torturando. Miradas desvanecidas que aparecerían tras la peor esquina.

Incluso llegó a pensar que la gente echa de menos un instante. No una persona, sino lo que esa persona vuelca en él. Y que repetirlos no era posible más que en mayor intensidad.