martes, 24 de mayo de 2011

De co-razones

Puedo hablaros de lo finos que tiene los dedos. O que me da el mejor sexo del mundo. Puedo decir que ha erizado pelos que no sabía que existían y que su boca no sabe igual que las demás. Que siempre me saluda sonriendo y que nunca adelantamos un semáforo nuestro primer beso. Que no sé a donde mirar cuando busca mi mano mientras conduce. Que sin mirarla, la veo si la pienso. Y que si la miro, a veces me tiembla el cuerpo. Que si lloramos, la abrazo tan fuerte que escurro cada lágrima. Y que cuando salgo, llevo suficiente bateria en el móvil por si quiere que la acompañe a casa. Que nunca había agarrado el teléfono mientras bailaba por si temblaba y detrás estaba su voz. Que ya no sé volver si no es a su vera. Que yo sí veo las chispas cuando me roza su nariz. Y cómo su cuerpo eclipsa a la luna cuando se desnuda. Podría deciros que sé en qué costilla debo incar el dedo para que me maten sus cosquillas. Pero también en qué parte de su oreja debo posar los labios para que suspire, y la zona de su sexo que la vuelve loca. Que con ella, el cielo cambia de nombre cada día. Y no hay estrella que brille más entre mis brazos. O premio más hermoso que su risa. Ni tesoro más preciado que sus piernas. Ni sentimiento más efímero que sentir que no soy suyo. Por hablar, podemos hablar de cómo pienso en volverla loca. Pero no de cuanto lo hago. Aunque pueda confesar que en ocasiones parece que me asfixio entre maneras de hacerla mía, y de hacer que a diario quiera serlo.

(Inspirado en co-razones, de Tayler Durden)

jueves, 5 de mayo de 2011

En la cuerda floja

Querida Gata de ojos azules,

Ya no sé si sigo detrás tuya como antes. Supongo que, que me cueste cada vez más recordar tu voz también está borrando tu cara. Me está desmotivando todo esto. Tus ojos no, aún sin verlos sé que son preciosos. Pero me refiero a que hoy no sé si podré esperarte. Porque claro que estoy disponible, pero ya no quiero que sólo para ti. Y no sé si voy tarde para eso. Para empezar a buscar también en otras. Pero entiende que no hablo de sexo. Eso puedo encontrarlo en cualquiera. Supongo que es el resto. De cualquier modo, soy demasiado inestable para seguir así. Compréndelo. Y ya no me atrevo a bautizar suspiros con tu nombre. Yo no sé cómo llamar los tuyos y que lleven el suyo me destrozaría. Por eso huyo. Porque el viento arrastra su nombre. Y yo sé de sobra que la vida no es justa, pero esta vez no pienso asimilarlo. Ni quedarme a que me parta(s).

miércoles, 4 de mayo de 2011

De querer

Querida Gata,

Quería decirte que me han faltado demasiadas cosas contigo. Desde enseñarte todo lo escrito a escribirte nada leído antes. Quería pasear contigo de la mano sin que mirases alrededor por si conocías a alguien. Que sólo me vieses a mí. Quería que me apretaras fuerte cuando tuvieses miedo. Que necesitases besarme cada día y sentirme cada noche. Que si no podías, enloquecieras. Quería más razones para no olvidarte. Para seguir siendo un perro fiel descolocado. Quería y luchaba por ganarte como nadie. Por ser tu todo. Quería que me abrazaras después de hacerlo, que repitiéramos y no saliésemos de ese bucle. Que si lo hiciéramos, fuese para cambiar de sitio. Quería que hasta Portugal se te hiciera pequeño para conocerlo conmigo. Que ya no necesitases conocer a nadie más. Quería y peleaba conmigo porque así fuera. Y ahora no sé por quién pelear ni cuánto tardaré en volver a hacerlo.