viernes, 10 de febrero de 2012

Porque desde que te has ido

Me he dado cuenta de que he crecido. Y ya no habrá un sólo paseo por el parque de tu mano. Ni me llevarás a desayunar y me dejarás mojarme en aspersores. Tampoco compraré pinturas ni fliparás con cómo pinto. Ya no podrás llevarme a trabajar. Ni me dirás lo orgulloso que estás de mi. Ni lo listo que sabes que soy. Ya no podremos pelear ni mucho menos podré odiarte aunque sea algo temporal. Ya no te volveré a decir lo suaves que tienes las manos. No sabes lo que daría ahora por acariciarlas. Ni escucharé uno de tus refranes. Y la gente no dirá que de bueno eres tonto. Al menos no en presente. Ni te quejarás de lo alto que pongo la música. Y mucho menos de lo infernal que es. Tendré que acordarme de las llaves solo. Y también de la cartera. Los nudos de corbata se me seguirán haciendo imposibles y siempre recordaré que tú ya no estás para ayudarme. Y es que desde que te has ido no soy niño.

Te echo un montón de menos. Pero lo peor es que sé que mañana seguiré echándote de menos porque tampoco podré verte. Ni me llevarás a trabajar. Y yo no sé que hacer con esto. Nunca me habían cortado una mano, ni siquiera uno de sus dedos. Y ahora no sé ni dónde tengo la cabeza. Esto duele y en tu cama ya no hueles. Pero tu ropa sigue intacta. Mamá viste de negro y aún así está guapa. Yo sólo me he vuelto más oscuro. A veces, me dan ganas de decirle que se ponga un poco de color y pinte esta vida mía gris. Pero sé que no lo hará. Te quería demasiado. Yo vivo con las ganas de que alguien vea algo tuyo en mi. Algo de ti en mis ojos. En mi boca o en mis manos. Y es que nunca había tenido nada que añorar toda mi vida.

Me parece que todo ha pasado demasiado rápido. Pero el dolor se muere lento. Y no recuerdo la última vez que comimos juntos. Ni el último día que me llevaste a trabajar. Desde que te has ido odio a Dios aunque ni siquiera recurriera a él. Y es irónico que ahora piense en si ves mis movimientos. Si esto que escribo lo observas desde alguna parte y estás llorando tanto como yo por terminarlo.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Conocer(te)

Quiero una tía que le dé igual que fume tantos porros como puedo. Que le resbale que beba más que la mayoría o que por las mañanas lleve la ropa del día anterior. Que salga conmigo hasta las tantas aunque trabajemos al día siguiente. Quiero a una tía a la que no le importen mis amigos porque ella está conmigo. Que si intentan seducirla, me sonría y se muestre mía. Alguien que me bese en la espalda con la misma pasión que si me besara en los labios. Que me acaricie a todas horas. Que intente pagar antes que yo y no se limite a sonreir cuando no le deje. Quiero una tía con la que pueda reirme tanto que siempre me acuerde y vuelva a hacerlo. Que me haga describirla así. Quiero a alguien que entienda que no es cuestión de gastar menos sino ganar más. Que nunca hay que conformarse y ni siquiera lo haga conmigo. Que me exija y sea exigente. Quiero una tía como la que he conocido, y no me conformo con enseñarle lo que ninguna todavía ha vivido.