lunes, 22 de febrero de 2016

Tsunamis

+ Yo soy una experta en leer los ojos.

- ¿Ah si? ¿Y qué te dicen los míos?

+ Me han dicho ya muchas cosas (reímos) pero sé que en el fondo sólo callan tristeza. Al menos se te vé con éxito (y sonríe arqueando la cabeza)

- Bueno, lo saboreé una época. Pero lo gasté tanto y de forma tan egoista que lo convertí en fracaso. ¿A que nunca habías estado tan cerca del fracaso?

+ Bueno, había conocido pesimistas, pero ninguno que levantara ruinas en sus propios ojos.

- Yo las llamaría tsunamis. Pero no como lo que ya te han prometido tantas veces en la cama, ni lo consideres una forma poética de pedirte un revolcón. Los llamo tsunamis porque me recuerdan lo que ocurrió en Japón y traumatizó a medio país.

Entonces se para, se planta pensativa y, con una pequeña mueca, me responde:
+ También ví lo rápido que lo reconstruían. ¿Caes ahora en algún país donde haya mejores rascacielos?

- En Dubai, pero yo no caso con ninguna de esas culturas.

jueves, 18 de febrero de 2016

Mes tres y 1/2 después de tí

Hasta hace poco pensaba que lo más importante en esta vida era el amor por ti y mi trabajo. Y que además, esa felicidad completa que tanto había buscado sería ya eterna. Gracias, gracias a ti he tenido que replantearlo. Ya no sé si quiero ser ese, ni lo estoy siendo; ya no deseo éxito si no destaco en lo demás, ni te deseo a ti si no destaco entre el resto. Y siendo sincero, lo que más me ha costado es asimilar que no me amas. Que le prefieres a él antes que a mí. O quizás, que no puedo conseguir que vuelvas a quererme. Que todo lo que haga te sonará a lo mismo. Y que como mucho conseguiré besarte con una de tus pataletas de celos. Que todas las mañanas pienso en escribirte o llamarte y darte los buenos días. En contarte que no puedo seguir sin ti, que esta cuesta arriba no tiene fin. Que las mañanas no son mañanas si no las empiezo contigo. Pero aquí el reloj ya no marca horas para confesiones y me permito ser muchas cosas menos patético.

Creí que tenías que corregirme la soledad y al final, me he vuelto a quedar solo y sin recordar cómo llevarla. Porque el problema de que desees compartir tu vida con alguien es que olvidas continuarla. Quieres hacerla a medias y no dejas sitio para la sorpresa o el recelo. Para la búsqueda de tu persona propia. Y eso me ha hundido. ¿O crees que no sé que soy capaz de ser más que él? Suéltanos en la misma zona y dime quién roba más. Por supuesto me tienes disponible para el sexo. Sabes que siempre seré un vicioso y mientras tenga otras ilusiones no creo que deba preocuparme. Pero antes debo encontrar alguna real. Porque todas son oasis hasta que mañana descubro el espejismo. Y cuando follamos es como si dejara un trozo de polla pegado a ti.

Ella no sé de dónde ha salido la verdad, pero parece que tres casualidades han sido suficientes para haberle causado interés. Lo noté durante la comida, y varias veces pensé que me miraba demasiado. En el camino ya acabó a mi lado y la segunda vez que acabamos a solas supe que había algún imán ahí. Me encantó que me echara de su lado para volver de nuevo ella. Le dije las tonterías que pude y el destino me puso un puñado de tarjetas en el bolsillo. Repartí a ella y el resto sin ninguna esperanza de que apuntara mi móvil o me hablara. Pero cuando recibí su mensaje pidiéndome disculpas tuve la esperanza de que me espantaría la tristeza. Y joder, lo que no me esperaba es que mi táctica de no hacer nada fuese a funcionar, pero me convencieron para un SMS y volvimos a hablar. Ella me ha tentado y no sé, me gusta la verdad. Tiene algo que me llama a acercarme cuando la veo. A mirarla a los ojos aunque intuya que me volverían loco sus tetas. A quedarme lejos aunque la pueda tocar, a esperar a que sea la vida quien me diga si me la voy a llevar.

lunes, 15 de febrero de 2016

Me ví caer y mira, sigo vivo

Toda subida implica una caída. Es algo que la vida te enseñará tarde o temprano. Cuanto más arriba estés, más probable será que caigas. Y no olvides que aún cayendo sigues vivo. Y que tras el tropiezo, seguir cayendo es voluntario. Porque tú defines dónde está el final y dónde puedes apoyar e impulsarte para volver al cielo. Que sí, que la caída es obligatoria y levantarse opcional, pero es que en el suelo no se posan mariposas. Y la vida sin eso y sol no es vida. Que además las caídas en domingo están totalmente permitidas y que nadie llega vivo al lunes. Pero a partir del martes toca recoger toda la mierda y mentalizarse en apostar a algún caballo, y con suerte llegado el sábado habrá carrera y si hay más suerte y ganas, alguna victoria poco relevante. Pero ¿Lo vas pillando? No se trata de que haya magia o épica en la caída, ni siquiera de planear durante ella, se trata de ser consciente de que forma parte del proceso y que para dejarla sólo es necesario visualizar una subida.

viernes, 12 de febrero de 2016

Yo no quiero que te vayas - Marwan

Yo no quiero que te vayas,
pero tampoco quiero retener tu llama
para que nadie conozca tu fuego,
ni mojar tu pólvora
para que no prendas junto a nadie.

No quiero eso, ni tampoco
llevarte de la mano hacia ninguna parte.

Solo te dejaría irte de aquí
para que fueras a buscarte
—si así lo necesitaras—
porque significaría que a mi lado
no obtienes las respuestas que precisas.
Cortar el vuelo hacia uno mismo
a la persona a la que amas
es parecido a escribir su nombre
con el bolígrafo que certifica una condena.

No quiero perderte,
pero no te quedes junto a mí
si la fuerza que te empuja
no te impulsa a donde ya estuvimos,
si tus pies no prefieren caminar
en dirección hacia nosotros.

Si esto no te mueve no lo hagas,
no vengas hacia aquí,
dime adiós y no mires atrás
y déjame que aprenda
que echar de menos no es otra cosa
que el peaje de una felicidad que ya ha partido.
Déjame solo y vacío
sin canciones que maquillen el fracaso.

Me sentiré querido si te vas de esta manera,
si no permites que la compasión te mantenga junto a mí,
si eres capaz de arrancarme las esperanza de una vez
en lugar de rompérmela con pequeños golpes
que hagan llevadera la derrota.
Porque la derrota nunca es llevadera,
es solo un dialecto del fracaso.

Si sientes culpa, no la sueltes con una despedida a medias,
marchándote un poco el martes
y volviendo mañana,
para dejar la foto el jueves.
No me dejes como quien deja irse deshaciendo en su boca
el caramelo del remordimiento,
ni te vayas yendo lentamente,
poniendo al futuro sobre aviso.
No me entregues la soledad por fascículos, no lo dilates.
Yo quiero que asumas la culpa y la bondad que hay en ello,
desamor sin maquillaje, la verdad sin photoshop.

No te quedes junto a mí,
te lo ruego,
no lo hagas
si es así como te sientes.

Pero si no es esto lo que te aleja,
si solo es temor a que el fracaso
muerda un día nuestras noches,
si temes que sea yo quien me despida,
o si lo que te aleja de mí es,
por ejemplo,
el pasado sujetándote el vestido,
o el zumbido que rodea a los que aman
y fueron desamados,
entonces quédate
y paga al corazón lo que te pida.
Y si se acaba da gracias al final
por el regalo que el amor
nos dejó entre las manos.

Que no hay gloria mayor
que la que ofrece el amor cuando se da,
ni dolor más merecido que el que viene
cuando el dedo del adiós toca el timbre de tu casa.